Rosa María Calaf visita a la Asamblea de Mujeres Periodistas de Málaga

La icónica periodista fue la invitada de honor en la última reunión de la APM celebrada en la sede de la Asociación de la Prensa de Málaga.

Una profesional de la comunicación que forma parte del imaginario colectivo y que todos recordamos con su característico pelo rojo y su mechón blanco (una idea del estilista Llongueras) informando desde EEUU, Italia, Asia-Pacífico o Argentina para RTVE. Calaf ha sido corresponsal en medio mundo. Ha recorrido 183 de los 196 países de la ONU.

 

Después de toda una vida dedicada al periodismo, se despidió de la profesión por el ERE que sufrió RTVE en 2007. Su último reportaje llega el 31 de diciembre de 2008 sobre el conflicto en el sur de Filipinas, que firmaría la paz diez años después.

 

Rosa María llegaba a la asamblea con ganas de contar muchas cosas. Dispuesta a hablar sobre el periodismo, sobre la mujer, sobre las crisis políticas, sobre el mundo en el que vivimos, sobre la problemática de la desinformación o sobre los peligros de la falta de libertades.

 

Calaf venía de dos días intensos en Málaga. Participando el martes en una conferencia dedicada a la figura de la periodista Sofía Casanova en el Centro Cultural MVA dentro del ciclo de ‘Ni tontas ni locas. Mujeres en la cultura del siglo XX’. Y al día siguiente, acudiendo a un encuentro con estudiantes de primaria del CEIP Carmen de Burgos, dentro del programa de conferencias ‘Press Club Málaga’ organizado por ‘La prensa en mi mochila’, un proyecto que acerca el mundo del periodismo a los más pequeños.

visita rosa maría calaf asamblea mujeres periodistas tintas de blas
Foto de familia de la Asamblea con Rosa María Calaf.

Iba para diplomática (estudió derecho) pero acabó siendo periodista. Y una de las mejores, por cierto. Una mujer que encontró en esta profesión la excusa perfecta para hacer una de las cosas que más le apasiona: viajar. Porque, como ella confiesa, la única manera de aprender es viajando, para poder conocer las realidades que existen en otras partes del mundo.

 

La periodista afirma que el modelo de periodismo actual se basa en “hacer ver que hacemos periodismo en vez de hacerlo”. Y lo compara con la forma de informar en los años 80 o 90, en los que se contaba con más tiempo, pudiendo dedicar semanas e incluso meses a cubrir un determinado lugar y saber contar lo que pasa con datos e informaciones contrastadas. Con el paso del tiempo y la irrupción de determinados factores, el periodista ya no sale tanto como lo hacía antes, y pierde la capacidad de análisis y profundidad para contar esas informaciones.

 

Los medios practican un tipo de periodismo que se ha ido abstrayendo de ciertas realidades. Y son estos, como señala Calaf, quienes tienen la responsabilidad de contar bien los hechos, para “crear la imagen de normalizar lo que no es normal, [y] que la gente no sepa realmente lo que pasa, [y que] se cree una ciudadanía completamente desinformada” e “intencionadamente mal informada”. Esta forma de contar los hechos se apoya en la emoción, olvidando los datos y generando informaciones no contrastadas que ponen en peligro la libertad de las sociedades.

 

A Rosa María Calaf no le fue fácil llegar a ser corresponsal. Tuvieron que pasar trece años para conseguirlo. Y asegura que si hubiese sido un hombre lo habría hecho mucho antes. A pesar de que en su etapa en TVE no se sintió nunca en una posición inferior, sí destaca ciertas actitudes condescendientes y paternalistas.

Por eso, defiende la necesidad de escribir con una visión de género que haga que la gente que no lo ve, sea capaz de hacerlo. Utilizando el lenguaje como forma de acabar con esas actitudes que generan desigualdad. Advierte del peligro de no seguir luchando para cambiar las cosas y conseguir que las mujeres no son libres, lo sean.

 

La periodista destaca el avance de los movimientos feministas en países como los que se están produciendo en México o la India. En los que, aún viviendo en sistemas democráticos, socialmente sigue existiendo la desigualdad y la violencia hacia las mujeres. Muchas sufren amenazas o se ven obligadas a huir de sus hogares por el hecho de ser mujeres. La violencia que se ejerce sobre ellas en el mundo es constante. Las violaciones, por ejemplo, son como arma de guerra que se usan para atacar al otro bando. Hasta principios del siglo XX, las violaciones a mujeres en conflictos armados no fueron consideradas delitos contra la Humanidad. La lucha por la dignidad de las mujeres tiene que seguir caminando y solo puede conseguirse a través de la educación, con la que se cambian actitudes, modelos y comportamientos.

 

Por eso, y por muchas cosas Rosa María Calaf es un ejemplo de mujer y periodista comprometida, que ha sabido ejercer la profesión sabiendo que su papel era saber contar lo que pasaba.