Marga Dorao: “los estereotipos, tanto los masculinos como femeninos, dañan a todo el mundo, no solo a las mujeres”.

El Teatro Echegaray estrena este martes ‘Multiple’, una obra de Marga Dorao y dirigida por Julio Fraga que narra una historia de amor marcada por la falta de libertad a través de cinco personajes encarnados por María Agudo, Antonio Navarro, Carmen Vega, Miguel Zurita y Encarni Migueles. Una representación teatral que posee influencias de Bergman, Tennesse Williams, Brecht o Lorca.

Y ante el estreno inminente de la obra, hablamos con la dramaturga malagueña Marga Dorao sobre lo que nos encontraremos en ‘Múltiple’.

 

Regresas a la escena teatral con la propuesta de ‘Múltiple’, ¿Cómo ha sido esa vuelta para Marga Dorao?

Pues en realidad es más un debut que un regreso, porque todo lo que he hecho hasta ahora ha sido en versión micro. Esta es mi primera obra larga escrita, y, por suerte, y mucha, la voy a ver sobre los escenarios. Así que es muy emocionante.

 

¿Encuentras una mayor madurez como dramaturga en esta nueva obra?

Sí, bastante más. Aunque en todo lo que he escrito anteriormente he tratado de tocar temas importantes, o hacer pensar a la gente, igual la forma de contar las demás historias no ha sido tan directa. Siento que con ‘Múltiple’ estoy siendo muy clara en lo que pienso acerca de temas como la falta de libertad o el machismo. Claro que, como dice el director de la obra, Julio Fraga, las conclusiones las tiene que sacar el público. Así que veremos qué conclusiones se sacan. La verdad es que da miedo, es un poco como desnudarse en público. Imagino que un creador siempre tiene esa sensación cuando su expresión artística, sea del tipo que sea, ve la luz.

 

‘Múltiple’ plantea cuestiones tan complejas como la libertad propia, y el peligro que supone la sumisión ante los sentimientos y las posiciones sociales ¿Por qué crees que es tan difícil enfrentarse a esta problemática? ¿Crees que el mensaje que guarda la obra invitará al público a reflexionar?


Bueno, es complicado. Al hablar de libertad propia puede parecer como que la protagonista es egoísta y solo piensa en su felicidad, pero no es exactamente así. Ella se ha metido en una situación que, a la larga, no le está haciendo bien a nadie. A ella misma a la que menos. Creo que es difícil enfrentarse a esa visión porque, en general, a las mujeres se nos ha educado en aguantar ciertas situaciones, y en cuidar de los demás por encima de todo. Digo en general porque no ha sido mi caso particular (al menos no en casa: del colegio ya hablamos otro día), pero lo vemos/vivimos todos los días. Pensamos poco en lo importante que es nuestra libertad propia y en el daño que, a la larga, acarrea la sumisión, tanto para nosotros mismos como para los que están en nuestra vida. (Y eso a nivel individual, porque como sociedad es un problema mucho más profundo que requiere un análisis que yo no te podría hacer). Parece contradictorio, pero no lo es. Cuando pienso en la felicidad propia y me siento egoísta por buscarla, recuerdo como cuando, antes de volar, nos dan indicaciones de qué hacer en caso de despresurización de la cabina en un avión. En caso de volar con un niño o una niña, lo que hay que hacer es colocarse la mascarilla antes de colocársela a ellos. Siempre contemplo eso como una metáfora de que no podemos cuidar ni querer bien a los demás si no estamos bien. Eso es así. Otra cosa de la que hablo en la obra, y que, en realidad, está muy ligada a la falta de libertades es que los estereotipos, tanto los masculinos como femeninos, dañan a todo el mundo, no solo a las mujeres. Hay que educar en la libertad de ser quienes somos. Claro que es difícil buscar dentro de nosotros mismos para saber quienes somos en realidad, pero en esa complejidad es también dónde nos conocemos de verdad.

Tengo la sensación de que es muy complicado, muchas veces, tener la fuerza para no olvidar que lo más importante es cuidar y defender esa libertad.  ¿Crees que es así?

Sí, claro que es difícil, pero porque ser libre es muy complicado, y duele. Es decir, llegar a ser libre realmente requiere un gran trabajo interno, y una lucha constante con uno mismo y con los demás. Lo habitual es no dejarnos llevar, o que no se te deje ser quien eres de verdad, y que, cada vez que lo intentes, te digan que no lo estás haciendo bien, o que no estás haciendo lo correcto, o que eres egoísta, o que eres una rebelde. Me remito a lo que dije de los estereotipos, pero en este caso los voy a desproveer de género: los estereotipos son malos porque nos estancan. El que hayamos nacido en una posición o en otra; nuestro entorno o nuestra realidad no deberían definir quienes somos. Con esto no quiero decir que cada uno pueda ser lo que quiera ser: para eso ya está Mr. Wonderful, y mi filosofía no es de optimismo de tarjeta de regalo. Lo que quiero decir con esto es que todos deberíamos tratar de saber quiénes somos, sin que nadie ponga trabas a ese desarrollo personal.

 

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El equipo al completo de ‘Múltiple’/ Foto: Daniel Pérez

La religión o la opresión se describen en ‘Múltiple’ como conceptos que influyen a los personajes llevándolos a una limitación de sus verdaderos deseos, siendo esclavos de un arquetipo social.  Un peligro actual y real, ¿cómo crees que se debe librar la batalla para no caer en esa falta de libertad?

 Es una batalla personal. Muy, muy personal. Y vuelvo a incidir en el trabajo interno. Es muy difícil saber qué decisiones tomamos porque realmente queremos tomarlas, y cuáles nacen de la presión del entorno. Y voy a poner un ejemplo mío. Yo, a los 12 años, ya sabía que no quería tener hijos. Lo tenía clarísimo. ¿Por qué? Pues no tengo ni idea, pero lo sabía. Pero luego recuerdo que, alrededor de los 32, tras una relación larga y compleja, tuve una crisis brutal (yo, de crisis de los 40, nada de nada, la tuve mucho antes), y, de repente, me planteé tener hijos. No era instinto maternal, no sé lo que era. ¿Era que todas mis amigas los estaban teniendo y yo me sentía sola? ¿Era porque se suponía que es lo que había que hacer? Llegó un momento en que me forcé a pensar con claridad y a tomar una decisión sobre lo que quería, de verdad. Me costó muchísimo trabajo llegar a una conclusión. Fue un periodo doloroso, la verdad. Y bueno, ahora, a mis 44, me alegro de haber decidido no tenerlos. Pero es muy personal. Nunca sabré lo que es ser madre, pero sí que sé que no lo necesito.

 

En 2008, creas Hattini, una línea de tocados en la ciudad de Nueva York cosechando un éxito internacional, y con clientas tan conocidas como Sarah Jessica Parker. ¿Qué supuso para ti lanzarte como empresaria durante esos años? 

Huy, no, no. ¡Ya quisiera yo que SJP fuera mi clienta! No: lo que ocurrió fue que dejé varios tocados en una tienda muy conocida de Nueva York, ‘The Hat Shop’, y sí, ella era clienta de la tienda. ¡Pero mía no! En realidad, fue un período chulo, pero era imposible vivir de eso. Aún así lo recuerdo con mucho cariño. Lo tuve que dejar porque me agobiaba mucho el tema de la producción. Escribir me llena mucho más. Eso sí, si necesitas un tocado para una boda yo te lo hago encantada. Pero por gusto, no por obligación.

 

Eres periodista, traductora, dramaturga, pintora, escritora, empresaria… ¡Y feminista, por supuesto! Con un currículum absolutamente envidiable tanto profesional como personalmente. Un ejemplo de mujer que ha luchado por lo que le apasiona. ¿Qué mas te falta por experimentar?

Bueno, sí, he tocado muchos palos. Siempre he sido inquieta, eso es evidente. Ahora estoy más tranquila, pero cuando era más joven no me estaba quieta ni un ratito. Pues, a ver, me faltan la novela y el guion de cine, lo tengo claro. Y otra cosa que siempre he querido hacer es documentales de viajes, pero es un mercado muy copado. Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber tenido narices para intentar hacerlo cuando aún no había tanto mercado, pero bueno, las cosas vienen como vienen. A propósito, y a colación de la próxima visita de Rosa María Calaf a la Asamblea de Mujeres Periodistas (que me parece que me voy a perder, y me da una rabia terrible), yo creo que hay dos cosas que le debo: ser periodista y ser viajera. Porque siempre me ha gustado escribir, pero elegí Periodismo porque recuerdo verla, de niña, como corresponsal en Moscú, en Nueva York, en Tokio… y me daba la sensación de que podía ser la profesión perfecta para hacer lo que más me gustaba y vivir de ello: viajar y escribir. En realidad, curiosamente, nunca ejercí el Periodismo fuera, siempre me dediqué a otras cosas (sobre todo traducir), pero es muy probable que esa decisión sea la culpable de muchas de las aventuras que he vivido.

 

Un libro: ¡Difícil! Pero lo voy a intentar: ‘El árbol de la Ciencia’, de Pío Baroja.

Un referente: Phoebe Waller-Bridge. (Acabo de ver Fleabag, igual en otro momento te diría otra persona. Si es que… es inevitable dejarse influenciar…)

Un deseo: Que nos dejemos de pelear por cosas que nos vienen bien a todos y a todas. Ya sabes a qué me refiero.

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